jueves, 6 de junio de 2013

EL PLAN DE DIOS PARA CADA SER


EL PLAN DE DIOS PARA CADA SER


©Giuseppe Isgró C.



Cada ser nace con un plan de vida elaborado por el mismo y aprobado por el concejo superior del planeta en que se vive; por cuanto, existiendo múltiples interrelaciones con una enorme cantidad de entes, el programa debe reflejar tanto los objetivos personales y colectivos que deben ser logrado, como las respectivas compensaciones en base al propio karma existencial.

El plan de vida contempla, en general, todos los aspectos existenciales de la persona en particular y de los que van a integrar su familia, reflejando diversos objetivos en el corto y en el largo plazo, por lo que, el ser que va a nacer, es probable que lo venga cumpliendo durante muchos ciclos de vida.

El citado plan al ser aprobado por el Concejo Superior del Planeta, encaja en el engranaje cósmico del mismo y pasa a convertirse en un plan de Vida para cada quien, el cual, el espíritu, una vez encarnado, por la ley que rige el libre albedrío, podrá cumplirlo o dejar de hacerlo; podrá superar las pruebas que él se ha impuesto o no; puede realizar los objetivos y alcanzar las diversas metas y las que quedan pendiente deberá llevarlas a cabo en el siguiente o sucesivos ciclos de vida.

Empero, cada Espíritu, al emanar a la conciencia individual, del mismo Creador Universal, lo hace dotado de vida eterna e inmortal y con los mismos atributos divinos de Él, análogos a los valores universales, que como Ley Cósmica se encuentran impresos en su conciencia. La misma conciencia del Espíritu es una réplica de la del Creador Universal. Los atributos divinos constituyen los sentidos espirituales que le habrán de servir de guía, dentro de cuyos parámetros enmarcar su conducta. Ya esto de por sí constituye un PLAN DEL CREADOR UNIVERSAL para el Espíritu. La eterna polarización, es parte de este plan. Consiste en ascender por la espiral evolutiva, sin límites de ninguna naturaleza, de un estado de conciencia a otro más elevado, en el eterno ahora.

El primer objetivo, dentro de ese Plan del Creador Universal para el Espíritu, es el de alcanzar la MAESTRÍA CÓSMICA, mediante la cual, pasa a ser uno de los participantes de los creadores y dirigentes de los mundos, en calidad de científico, artista o instructor cósmico.

Alcanzado el rango de maestro de la creación, en incontables ciclos de vida, en infinidad de mundos del inmenso universo, entra ya en una fase creadora de mayor trascendencia.

Empero, esa función creadora ya la posee desde el inicio de su carrera, con libertad de acción. Pero, precisa descubrir sus atributos divinos mediante la adquisición de la conciencia de los mismos. De igual manera, irá percibiendo, gradualmente, su poder creador potencialmente infinito, el cual expresará en la medida que afronte necesidades o situaciones por resolver.

Posee, también, el Espíritu, un cúmulo de facultades espirituales mediante las cuales se puede interrelacionar con el Universo y con todos los seres, en sus funciones como individuo.

En cada ciclo debe descubrir la misión de vida que trae como objetivo existencial, la cual contempla el plan del Creador Universal, de una manera general, como guía suprema de conducta y finalidad, por una parte, y por otra, la planificación de los objetivos existenciales que ha efectuado previamente a su encarnación, sobre la cual obtuvo la aprobación de los regidores de la vida en el planeta de turno.

La meditación, acompañada de la profunda relajación física, mental y espiritual, permite la unificación de la conciencia, mediante la cual va percibiendo su plan de vida y los objetivos existenciales a los cuales, en cada época, deberá enfocar su atención, en su respectivo orden prioritario.

Está índole de objetivos existenciales irán aflorando en la conciencia mediante las intuiciones y las percepciones periódicas que va teniendo, así como por la fuerza de empuje y la de bloqueo, que, cada persona, va experimentando en el día a día, que le permiten estar a tiempo, en el lugar adecuado, haciendo la cosa correcta, en el momento oportuno.

El plan del Creador Universal para cada ser encuentra su ubicación precisa dentro del plan de la Creación. Empero, teniendo el Espíritu la facultad del libre albedrío, deberá por sí mismo adquirir conciencia de cuál es su ubicación dentro del orden cósmico y esto lo va llevando a cabo en la medida que percibe las necesidades y objetivos existenciales y asume el compromiso de llevar a cabo las cosas que se da cuenta de que alguien debe realizar: ese alguien es la persona misma que alcanza ese estado del darse cuenta del qué, del cómo, del cuándo, del quien, del dónde, del cuánto y del por qué. El secreto consiste en no evadir la responsabilidad frente a todas las pruebas que la vida va anteponiendo, en cada etapa, y en saber ver la nuez dentro de la cáscara. Es decir, es necesario afrontar con valentía y confianza todo lo que la vida presenta como situaciones que precisan solución y persistir tenazmente hasta alcanzar los resultados inherentes.

Esta es la única manera mediante la cual se pueda pasar a la siguiente fase.

Se requiere practicar la espiritualidad directa centrada en el Creador Universal, sin intermediarios, que permita adquirir conciencia de la conexión espiritual con el Creador Universal. Cada ser forma una UNIDAD perfecta e indisoluble con el Creador Universal, pero, muchas veces, interrumpe la conciencia de la misma. La práctica de la espiritualidad directa con Él, permite adquirir dicha conciencia perceptiva, haciendo aflorar la luz, la fortaleza y la sabiduría de los valores universales.

Es preciso percibir que El Creador Universal ha pensado en grande para cada ser. Por lo cual es necesario revalorizarnos en el propio concepto, por cuanto somos seres emanados de Él y formados de la misma naturaleza espiritual. Somos UNO con Él. Seamos UNO con Él, ese es el plan del Creador Universal para cada ser. Tú, también, eres CREADOR.

PRACTICA DE LA CONEXIÓN CON LA FUENTE:

AFIRMA: -Con los ojos cerrados y centrado la atención en el punto de la cabeza donde nace el remolino de pelo-.

Hazlo tres veces al día: en la mañana, a mediodía y en la noche, o en cualquier momento en que precisa adquirir conciencia de la UNIDAD.

Recuerda, donde centra la atención se expande la conciencia. Si centra la atención en el Creador Universal, ADQUIRIRÁS CONCIENCIA DE Él y de sus atributos divinos.

1.  Entro en conexión espiritual con el Creador Universal. (Tres veces).

2.   Ahora estoy ya en conexión espiritual con el Creador Universal. (Tres veces).


3.  Formo una unidad perfecta con el Creador Universal. (Diez veces).

VIVIR DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DE DIOS


VIVIR DE ACUERDO 
CON CON LA VOLUNTAD DE DIOS


©Giuseppe Isgró C.



Vivir de acuerdo con la voluntad del Creador Universal implica hacerlo según los valores universales, los cuales representan a los principios y las leyes divinas y constituyen los sentidos cósmicos del ser humano para guiarlo en todas sus actuaciones, cuya aplicación significa la práctica de todas las virtudes. Dichos valores son, entre otros, el amor, la sabiduría, la prudencia, la justicia, la igualdad, la compensación, la fortaleza, la templanza, la belleza, la bondad, el altruismo y un largo etcétera.
La vida universal –en las muchas “moradas” a que hacía referencia el hermano Jesús de Nazareth-, y su desenvolvimiento en el Planeta Tierra, se lleva a cabo mediante un plan de evolución claramente definido para cada mundo y por etapas, en las cuales, cada ser presta su concurso, a la vez como un medio de progreso como si fuese una escuela, como en efectos lo es.
Cada persona, dentro de ese esquema cósmico, -en un momento dado-, le toca desarrollar el rol que le corresponde de acuerdo a  su suma existencial o karma y de acuerdo a la Ley de justicia divina.
Los Maestros que dirigen los planes del Planeta, saben, en cada etapa, lo que más le conviene a cada persona, como medio de avance en su evolución y en las recíprocas compensaciones que debe llevar a cabo con un gran número de personas. Conocen cual es la misión que le toca de acuerdo al plan divino y sobre todo, previa aprobación de los Regidores cósmicos, la misma persona, antes de encarnar prepara un plan de vida que le es aprobado o reformulado en forma realista, por lo cual, cumplir con la voluntad divina es hacerlo con el plan de vida que se ha trazado en los planos espirituales, previamente a su última encarnación.
Los guías espirituales orientan, a cada ser, mediante inspiraciones que es lo que debe hacer, por lo cual, armonizar con esos propósitos cósmicos y los planes trazados a nivel espiritual, es la manera de ir directamente en sentido de la propia meta, realizando los objetivos que en cada etapa corresponden.
Significa que, en cada acción, hay que cerciorarse de que se cumplen los parámetros de los valores universales de manera que se deje de generar nuevas obligaciones kármicas e ir compensando los compromisos anteriores para quedar libre de ataduras.
Vivir de acuerdo a la voluntad divina implica cooperar en la gran obra universal y colectiva, prestando el propio concurso en la formación del bien común, dando, generosamente, para poder recibir las respectivas compensaciones o reciprocidades. En la balanza cósmica mientras más se dé más se recibe; cada acto tiene en sí mismo su propia compensación y salario cósmico.
Implica cumplir tres de los múltiples deberes del ser humano: el primero con El Creador Universal, el segundo con la sociedad y el tercero consigo mismo y con su familia.

Adelante.






sábado, 1 de junio de 2013

SOSTENIDOS POR DIOS


SOSTENIDOS POR DIOS

©Giuseppe Isgró c.



Dentro del vasto universo, todo está sostenido por Dios, -el SER UNIVERSAL-, y guiado por su inteligencia infinita, cuya previsión le ha llevado a marcar leyes inmutables y eternas cuyos valores rigen toda acción en la vida y su ejecución determina la práctica de todas las virtudes.

Empero, cada ser vive y se mueve dentro de la sustancia cósmica y Dios es como el aire que le sirve de sustentación movido por la propia voluntad, pero, su acción es más eficaz cuando se hace participe de la voluntad divina y ejecuta el mandato de evolucionar y hacerse maestro de la creación.

Es allí, cuando enfrenta las pruebas de la vida, al igual que el viento en contra con los aviones, le sirven para elevarse y emprender el vuelo progresivo de la sabiduría.

Frente a las circunstancias que el ser enfrenta, cuya visión debe desarrollar para guiar sus cursos de acciones certeramente, el entusiasmo que le vuelve incansable en la consecución de los logros, -personales y divinos- ese entusiasmo, -es decir, Dios dentro del ser, le sostiene, inspira y guía en la superación de todos los eventuales obstáculos que se le puedan presentar en el camino hasta sus metas parciales y graduales, en la realización de la gran obra, en el eterno presente.

Todo motor trabaja incansablemente cuando está conectado con la energía eléctrica; empero, se para al pasar el interruptor. Igual ocurre con el ser humano; conectado con Dios, -el Creador Universal-, es sostenido por el flujo de su abundancia divina, por el sosiego interior y por la voluntad invencible de la voluntad potencialmente infinita que le transforma en actor decidido de su destino en concordancia con los planes cósmicos. Es preciso centrar la mente en Dios y sus atributos para que la conexión permita la canalización del poder creador de Dios que sostiene en todos los embates de la vida, por cuanto, Él, con tiempo, tomó las previsiones pertinentes, en todos los aspectos. Es preciso hacer el trabajo según el plan divino; los recursos los pone Dios; la guía e instrucción, también, siempre oportunamente, por medio de la inspiración dentro de la conciencia.

Empero, centrada la mente en el propio ego, es como pasar el interruptor a la energía divina, quedando a merced, únicamente, de las propias fuerzas. Ya deja de ser lo mismo. De lo divino se pasa a lo humano; es preciso permanecer en lo divino, con lo cual se pasa a representar la totalidad del poder del Creador, por supuesto, en el respectivo nivel acorde a la propia evolución y estado de conciencia.


MEDITACIÓN:

Entra en un estado de interiorización, relajando, previamente, el cuerpo, desde los dedos de los pies a la cabeza.

Relaja, también, la mente, imaginando escenas de calma, en la naturaleza, como un lago de aguas serenas. Imagínate de espaldas, en el agua, en la quietud del lago, en completo estado de relajación.

Imagínate que una nube blanca se acerca y te envuelve. Da por hecho, como convención mental, de que es Dios que te envuelve. Siéntete en completa conexión con el CREADOR UNIVERSAL.

Ahora, afirma, en silencio, en torno a treinta veces, o más, sin contar, para conservar la concentración:

o PUEDO VIVIR DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DEL CREADOR UNIVERSAL.


o Repítalo sosegadamente, sin esfuerzo alguno, buscando la conexión con la voluntad del Creador Universal. La mente lo hace por sí sola si no interfieres. Déjate ir, con confianza; te encuentras dentro de la fuente y con total seguridad. Conserva tu estado perceptivo abierto y observa solamente sin esperar nada.

o Al final, termina con la pregunta: -¿Cuál es la voluntad de Dios, -el Creador Universal?

o La meditación sostenida con esta técnica irá expandiendo tu conciencia perceptiva, y gradualmente aflorarán ideas que sería interesante vayas anotando en un cuaderno.

o Evidentemente, la voluntad del Creador Universal está plasmada dentro de la Ley Cósmica y los valores universales inherentes. Él es poder creador que se canaliza en cada ser de los cuatro reinos naturales. Él es sabiduría que inspira en forma de sentimientos análogos a los valores universales, dentro de la conciencia. Él sostiene al ENTERO UNIVERSO.

Dentro del Universo, nos sostiene a cada quien, a menos que pasemos el interruptor del flujo de la energía divina y de la sabiduría de los valores universales en forma de luz.

o Que nuestro firme propósito sea VIVIR EN CONEXIÓN CON EL CREADOR UNIVERSAL, de acuerdo con su voluntad divina.

¿Existirá algo mejor?


Adelante.

lunes, 27 de mayo de 2013

LA PERCEPCIÓN DE DIOS


LA PERCEPCIÓN DE DIOS

©Giuseppe Isgró C.

En la medida en que se asciende por la espiral evolutiva, la idea de Dios se va perfeccionando, pero, no es Dios el que ha cambiado sino la propia apreciación y comprensión de Él.
Ciertamente, la realidad de Dios va más allá del alcance de la propia percepción objetiva, la cual siempre es acorde al grado de conciencia evolutiva alcanzado; pero, comprender la inmensidad de Dios significaría comprender la totalidad del Universo que, en el fondo, es la misión cósmica del Espíritu humano y, -¿ por qué no?, de todas las especies en los tres reinos naturales, por cuanto, si uno pudiera meterse en la mente de cada ser de dichas especies, y preguntarse: -¿qué concepto de Dios tienen?, si es que tienen alguno o, mejor dicho, valdría plantearse, -¿qué percepción tienen o tendrán de Dios? Por cuanto, si cada ser debe tener una compensación por su paso por la vida planetaria -o planetarias-, debe participar del beneficio colectivo, si no ¿qué sentido tendría la vida para tantas especies que comparten el planeta con los seres humanos? Ellos también sostienen una lucha existencial que en nada desmerece el esfuerzo humano.
En muchos círculos intelectuales –y espirituales- se tiende a concebir un Dios impersonal, exento de formas personalizadas, dada su presencia universal –centro vibratorio- y su eternidad, sin principio ni fin, creador y fuente de toda vida espiritual y de las leyes y valores universales e inmutables, sentidos cósmicos que habrán de regir, eternamente, la conducta cósmica y guiar las acciones universales en el infinito cosmos cuya existencia de mundos es realmente tan grande que escapa a la percepción temporal del ser humano.
Cabría imaginar, dada la segura existencia de vida en miles de millones de planetas, entre cuya mayoría debe existir un progreso tan por delante del de la Tierra, donde muchos de sus maestros seguramente están tan evolucionados que nuestros profetas y Mesías más adelantados probablemente son meros aprendices si los comparáramos; por supuesto, existen mundos de menor progreso que el de la tierra, como realmente la visión preclara lo concibe.
¿Cuál es la concepción de Dios en estos mundos adelantados?
En los de menor progreso podemos imaginarlo por la reciente historia del planeta tierra.
De una cosa se puede estar seguros: hay un sólo Dios para todos y de todos; de la humanidad del planeta tierra y del universo. Sin distingos, un solo Padre-Madre de Todos y los seres humanos, sus hijos, hermanos y hermanas, miembros de una sola familia, la universal, cuya solidaridad y fraternidad, aúna a todos en un lazo indisoluble de amor, cooperación, justicia, igualdad, solidaridad y compensación.
En virtud de lo cual, al aceptar un sólo Dios Creador Universal común, todos los seres humanos son hermanos y hermanas; lo cual, irá borrando las fronteras, las barreras sociales, las diferencias raciales, etcétera; cada quien con su propia misión de vida y como eslabones de una cadena universal, se depende del eslabón más pequeño y menos fuerte, el cual hay que cuidar de que se mantenga sólido, resistente y unido.
Cada persona tiene derecho de concebir a Dios como se lo permita su conciencia cósmica y, el deber de respetar la concepción de los demás seres, ya que la gradación de percepción va acorde a la propia evolución; empero, la evolución colectiva imprime un impulso hacia el desarrollo de todos los individuos de una determina esfera mental, tal como los descubrimientos relativos a los campos morfo-genéticos van indicando, por efectos de la resonancia magnético-espiritual.
Hay una meta común de evolución; en cada época es preciso expandir la conciencia hasta cierto grado, colectivamente.
Cada ser debe conectar directamente con Dios por medio de la interiorización en su propio yo; forma parte de Él, no existiendo ningún camino para llegar a su presencia; la propia mente es una parcela de la mente divina; el espíritu es una partícula espiritual de la misma esencia y naturaleza divina de Dios, viviendo en Él y dentro de Él. No hay camino que recorrer excepto que el del propio ser interior; cada ente es el camino y, a la vez, el caminante hacia Dios. Conectando con el yo interno se conecta automáticamente con Dios. Es preciso descentrar la atención del propio ego para adquirir la conciencia de la conexión divina, permanente e indestructible que se mantiene con Él, de manera que pueda fluir, libremente, la luz, el poder, el amor, la percepción intuitiva y la canalización de las inspiraciones inherentes, por medio de los sentimientos en la propia conciencia, por cuyo intermedio cumple sus funciones de Pedagogo Universal.
Es preciso destacar lo siguiente: Existe un sólo Creador Universal, fuente común de todos, que cada persona puede concebir de una manera personal y debe fomentar su comunicación en la forma en que se lo dicten sus sentimientos y concepciones.
Es preciso respetar las convicciones divinas de cada ser, ejerciendo el propio derecho de libertad.
Se es hijo o hija de ese Creador Universal común, por lo cual, como hermanos y hermanas, es necesario tener la consciencia de fomentar la fraternidad universal, sin fronteras ni barreras, con solidaridad, cooperación, respeto, amor, justicia e igualdad de derechos y obligaciones ante la Ley Cósmica y dentro de ella.
Conectando con el propio yo interior, automáticamente, se establece la conexión divina. En esta relación amorosa con Dios el lenguaje que establece la perfecta comunicación es el de los sentimientos acordes con los valores universales como el amor, la sabiduría, la justicia, la fortaleza, la templanza, la belleza, la compasión, la bondad, el perdón, etcétera.
El maestro está en el propio ser interior y es hacia adentro donde se requiere profundizar en la búsqueda de Dios; encontrándolo en sí, por el auto-conocimiento la conciencia intuitiva e inspirativa, se puede observar, también, por doquier.
 Dada la ley cósmica, la cual expresa: -en lo que se centra la atención se expande la conciencia perceptiva y el propio poder creador, la meditación en Dios y sus atributos divinos, -valores universales-, permite desarrollar la propia conciencia cósmica, gradualmente, en un avance gradual, y persistente, en el eterno presente. El constante recuerdo de Dios, mediante la repetición de su nombre, ofrece un instrumento de poder, e iluminación, que solamente quienes se avocan a su práctica asidua pueden asimilar, aprovechando sus incalculables beneficios y el libre fluir de la luz, del amor, de la sabiduría y del poder creador, mediante el servicio, transformando la propia existencia en una vida repleta de felicidad y auto-realización.
 Adelante.